En algún lugar de la ciudad, donde por muchos años sólo habitó gente de la alta alcurnia, donde ahora sólo es un lugar de vagos recuerdos entre bohemios, cada objeto, cada casa, cada calle empedrada, está cargado de historia, historia sombría y significativa. Aquel, un lugar que desentraña choques emotivos entre quienes lo visitan por su legado arquitectónico, por el importante flujo de actividades culturales, por ser lugar de tertulias literarias y políticas. Éste ha sido y será siempre uno de los lugares más frecuentados por los bogotanos. Se trata del barrio La candelaria, donde los objetos dispuestos causan súbitas reacciones alarmantes, que en ocasiones penetran la sensibilidad humana, provocando ira, alegría, tristeza y miedo. Miedo no solo por la existencia de espantos, como lo creen muchos, sino por ese temible factor llamado inseguridad, del cual huye la multitud, esperando que fenezca su carácter proliferante.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario