miércoles, 23 de septiembre de 2009
martes, 15 de septiembre de 2009
En algún lugar de la ciudad, donde por muchos años sólo habitó gente de la alta alcurnia, donde ahora sólo es un lugar de vagos recuerdos entre bohemios, cada objeto, cada casa, cada calle empedrada, está cargado de historia, historia sombría y significativa. Aquel, un lugar que desentraña choques emotivos entre quienes lo visitan por su legado arquitectónico, por el importante flujo de actividades culturales, por ser lugar de tertulias literarias y políticas. Éste ha sido y será siempre uno de los lugares más frecuentados por los bogotanos. Se trata del barrio La candelaria, donde los objetos dispuestos causan súbitas reacciones alarmantes, que en ocasiones penetran la sensibilidad humana, provocando ira, alegría, tristeza y miedo. Miedo no solo por la existencia de espantos, como lo creen muchos, sino por ese temible factor llamado inseguridad, del cual huye la multitud, esperando que fenezca su carácter proliferante.

MI EXPERIENCIA SOBRE LA CANDELARIA
Recuerdo ese día como si fuera ayer. Me sentia tan extraña, parecía como si cada persona que me rodeaba fuera un maniquí, un objeto inanimado que sólo caminaba sin saber su rumbo. Eso fue hace cuatro semestres, para ser exacta. La profesora Sofia nos dejó un trabajo para el segundo corte, el cual consistía en la elaboración de una cartilla pedagógica para niños, que tuviera contenidos fantasmagóricos. Para realizar dicho trabajo, era necesario asistir a obras de teatro, visitas guiadas, exposiciones de arte, realizar lecturas. En fin, toda actividad que permitiera recopilar la mayor información acerca de los fantasmas del barrio La Candelaria.
Mi amiga clemente siempre los días jueves ( día de la clase de introducción a los estudios literarios )me preguntaba sobre qué había leído y de paso me recordaba una de las actividades por hacer para encontrar información concerniente al tema ; nuestra primera visita fue a un museo en el centro de Bogotá para ver la exposición “ fantasmagoría “ese día, yo estaba muy animada, pues me gusta el arte y me encantan las variaciones que una persona puede plasmar en una exposición, se veían cosa muy bacanas, otras a decir verdad muy regulares y otras definitivamente que nada que ver. Bueno en fin a los ocho días empezaron a surgir los libros sobre las historias de la candelaria, tenia la costumbre de leerlos de día porque si lo hacia de noche de seguro que no iba a poder dormir, los días pasaban y se acercaba el día de la visita guiada a la Candelaria por la profesora Sofía , pensaba que en realidad los verías y hasta escucharía sus lamentos, pero desafortunadamente la multitud de gente le quitaron emoción al evento y obviamente no vi nada, absolutamente nada.
Lo único cierto es que esa experiencia “aparentemente normal” ahora hace que le tema a la oscuridad y que todas las noches duerma con la luz prendida.
EL INDIGENTE

Uish ese olor a diablo de los indigentes es una cosa bastante pesada. Ni siquiera tienen que acercarse para saber que están por ahí. Hasta en la distancia apestan. Ese olor además de producirme asco me hace dar miedo. Me da pesar hablar así de ellos, pero es la verdad, y jamás pensaría de otra forma, ese día estaba con mi prima ella, toda “berraca” pues ¿como no iba a serlo?, ¡imposible no! siendo de las cruces….. ja, bueno el caso es que estábamos tomándonos unas polas cuando de pronto se nos acerco uno de esos que andan por la calle pidiendo dinero, pero ese si se nos vino con cuchillo para poder intimidarnos y sacarnos plata. La verdad yo fui tan cobarde que salí a correr, a los 10 minutos mi prima me buscó y me contó lo que le había dicho al indigente, sus palabras fueron: “abraaaaase o lo acabo a golpes usted no me conoce invecil ", lo absurdo es que él sutilmente se alejo sin decir nada. yo no lo podía creer parecía mentira, empiezo a pensar que evidentemente se debe a la imagen de mi prima, ya se imaginaran su aspecto físico y en efecto la barraquera que tiene para espantar a la gente.

Uish ese olor a diablo de los indigentes es una cosa bastante pesada. Ni siquiera tienen que acercarse para saber que están por ahí. Hasta en la distancia apestan. Ese olor además de producirme asco me hace dar miedo. Me da pesar hablar así de ellos, pero es la verdad, y jamás pensaría de otra forma, ese día estaba con mi prima ella, toda “berraca” pues ¿como no iba a serlo?, ¡imposible no! siendo de las cruces….. ja, bueno el caso es que estábamos tomándonos unas polas cuando de pronto se nos acerco uno de esos que andan por la calle pidiendo dinero, pero ese si se nos vino con cuchillo para poder intimidarnos y sacarnos plata. La verdad yo fui tan cobarde que salí a correr, a los 10 minutos mi prima me buscó y me contó lo que le había dicho al indigente, sus palabras fueron: “abraaaaase o lo acabo a golpes usted no me conoce invecil ", lo absurdo es que él sutilmente se alejo sin decir nada. yo no lo podía creer parecía mentira, empiezo a pensar que evidentemente se debe a la imagen de mi prima, ya se imaginaran su aspecto físico y en efecto la barraquera que tiene para espantar a la gente.
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